jueves, 27 de abril de 2017

POESIA VIDA.

La mujer llora y ríe. 
Viene y sonríe sobre viejos tapices. 
Duerme bajo la luz de los espejos 
y renace y se crea. 
Corzas ligeras cruzan por el valle, 
y la mujer tejiendo sueños. 
La mujer llora y ríe. 

Se tiende bajo el alba, en las estrellas, 
y se entrega sonriendo 
cuando bajan los hombres a buscarla. 
Qué oleadas de placer surcan su cuerpo abierto. 
Cómo llega la entraña y la ilumina, 
y el rostro duerme y anda. 
Y silencio. 
Y músculo dormido. 
Por los ojos dormidos regresa la ternura. 
Los días son y vienen para ella. 

¿Qué podría esperar del junco inmóvil? 
Absurdamente, 
oscuramente 
los labios regocijan el encuentro, 
y la mujer retorna 
y está junto a nosotros, 
nos mira, nos descubre. 
Por la piel nacen viejas fragancias retorcidas. 
De qué raíz la savia purifica. 

Integra, solitaria, 
la mujer corre por las playas desiertas, 
y el mar siempre retorna. 
Ahora estamos frente a un velero roto; 
ancladas naves cruzan por la noche; 
y taladra el espacio 
y gime la guitarra desprendida. 
Por la mujer, por la mujer estamos 
rompiendo esta fragancia, 
quebrando caracoles, 
retornando al abismo solamente. 

Una mujer, un grito, 
un brazo, 
un río de peces imprevistos, sonoros, 
y la garganta nace a nueva voz. 
Igualmente 
vivimos en espera, difundimos. 
En días son violentos, 
son y tienen forma de mujer. 
Y apenas llega y alza los cabellos, 
y apenas llega y salta desde siempre, 
aquí estamos y somos. 
La mujer nos rodea, fijamente. 
Del agua acude. 
El vendaval golpea, hiere, lastima. 
Qué sabor de eternidad en la entrega deseada. 
Alienta. 
Golpea sobre remotas, iluminadas puertas. 

La casa se abre bajo su voz, 
la casa corre en sus pies, 
la casa es un cinturón, una escoba, 
un armario, 
un vaso roto. 
Y la mujer penetra, 
lo va llenando todo, 
lo ilumina. 
Aquí de pronto está tranquilamente 
y su mano acaricia un gato indómito, 
y del fluido a la voz, 
y de la voz al acto, 
la mujer va cayendo, 
se va deshilvanando 
hasta el origen mismo de la sangre. 

Llora y ríe, camina. 
Desanuda los pasos lentamente. 
Y un rostro de mujer emerge 
de un alfiler, de un paño. 
El pan florece entre sus senos; 
tan descansadamente vienen los niños a su encuentro. 
Y de pronto 
corre, y es una sombra, 
un hilo desangrado. 
Viene y alza el olvido, se descalza. 
Se penetra en la voz de las angustias. 

Ansiosamente 
árboles surcan; caballos poderosos 
derriban las hogueras. 
Y la mujer nos viene persiguiendo, 
lo va llenando todo, 
lo ilumina.
(José Joaquín Burgos)



4 comentarios:

AMBAR dijo...

Hola Ninfa.
Describes el sentimiento mezclado de la mujer, la de syer, hoy y siempre.
Bello poema.
Un abrazo.
Ambar

AMBAR dijo...

Hola preciosa Ninfa.
Desapareciste por un tiempo.
Me alegra tu regreso, paso desde tu propio comentario, bloger anda un tanto desosrdenado, un abrazote grande.
Ambar

AMBAR dijo...

Que razón tiene este poema del Burgos, gracias por compartir.
La mujes es tierra bien abonada donde la vida germina, nace y crece.
Un abrazo grade.
Ambar

Ninfa Azul dijo...

Muchas gracias AMBAR. Un besote grande.